La historia del café en El Salvador está inextricablemente ligada al desarrollo de la nación. Introducido a finales de la década de 1880, el café desplazó rápidamente al índigo como principal exportación del país, y para la década de 1920, el café representaba el 90% de todas las exportaciones de El Salvador.

Esta importante producción era propiedad de una pequeña élite terrateniente que poseía grandes extensiones de tierra (¡sólo el Presidente General Tomás Regalado, en 1895, había acumulado más de 6.000 hectáreas!) y que estaba muy vinculada a la gobernabilidad de El Salvador, lo que tenía consecuencias negativas y positivas para el desarrollo del país.

Actualmente, el 95% del café que se produce en El Salvador se cultiva a la sombra, y la pasión y la experiencia de los agricultores, combinadas con una mano de obra capacitada para la recolección y la molienda, contribuyen en gran medida a que la producción del país siga siendo de alta calidad.

Además, hoy en día, los productores de café cuentan con el apoyo del Consejo Salvadoreño del Café, que realiza una gran labor de apoyo y promoción del café salvadoreño, tanto en el país como en el extranjero, y presta apoyo a los productores del país. A través de su trabajo, se ha dado un incansable impulso para estimular los mercados de exportación para los productores y para mantener y mejorar la calidad del café producido en El Salvador. Como dicen en El Salvador… ¡Bébelo y sonríe!

El café se cultiva más o menos en todo el país (bueno... no es tan grande, después de todo), que se divide en 3 y 7 regiones geográficas dependiendo de a quién se le pregunte. Todas se consideran diferentes entre sí, principalmente en términos de altitud y características de sabor.