Los Mayas, los Incas y los Aztecas preparaban una bebida a base de maíz fermentada con los granos de maíz que los niños masticaban y con el efecto de la saliva se activaban las enzimas y ocurría la fermentación. Esa era la chicha, como ha sido llamada desde los tiempos precolombinos.

En la época de la colonia, los españoles trajeron muchos rubros a sus colonias, entre ellos la caña de azúcar, que enriqueció e impactó la gastronomía de la América Precolombina. Desde ese momento el azúcar no procesado, la panela, fue utilizada para producir la chicha fermentada y otras bebidas alcohólicas.

En algunas zonas de El Salvador se da con mucha facilidad el Árbol del Chaparro, que se caracteriza porque su leña produce poco humo; para los productores clandestinos de licores era ideal, porque ellos escondían en las montañas sus Sacaderas, alambiques artesanales, y usaban la leña del árbol de Chaparro para llevar a cabo sus destilaciones. De ahí el nombre del licor “Chaparro”, y además encontraron que la chicha enriquecida con panela al destilarla daba como resultado un delicioso vino.

El Chaparro es una bebida tradicional de El Salvador que en sus inicios fue artesanal, pero con el pasar del tiempo se abrieron destilerías propiedad del estado, iniciando la producción de aguas ardientes elaboradas a partir de mieles de caña de azúcar y melazas.

Hoy día los empresarios salvadoreños lo producen a nivel industrial, incorporando procesos legales y sanitarios que permiten su comercialización.