Una vez que el Imperio Europeo se expandió en el hemisferio occidental, el queso llegó a El Salvador. Desde ese entonces, el queso se ha popularizado en el país y hasta el día de hoy forma parte de la dieta alimenticia diaria.

Con el pasar de los años se desarrolló la producción agropecuaria de ganado lechero, que se ha extendido en casi todo el territorio. La producción quesera se arraigó y actualmente la mayor parte de procesadores son artesanales; los productores se dedican a la ganadería para obtener directamente la materia prima, la leche, para el procesamiento de queso y de otros productos lácteos.

En el método de producción se emplean prensas, moldes, cocinas y utensilios, por lo general no tienen registros ni permisos. Los principales productos son: quesillo, cuajada, quesos frescos y cremas, que son llevados principalmente a los mercados populares.

El queso salvadoreño no es muy conocido, pero en el Salvador hay una tradición quesera, basta con mencionar el festival en la Ciudad Dolores, donde nació el famoso queso duroblando, un queso artesanal de corto añejamiento de maduración de dos meses, que no puede faltar para acompañar los frijoles del desayuno y ha tomado lugar en la gastronomía salvadoreña.

Un subproducto muy apreciado es la crema elaborada a partir de la nata batida. Se deja reposar la leche en unas canoas laminadas, se le saca la nata y se le agregan pastillas de cuajo para espesarla; luego se añade sal y se prensa en tornos de madera para eliminar el suero que se haya acumulado.

Hay una variedad de quesos salvadoreños, entre ellos podemos mencionar: capita especiado con chile y loroco y el terrón que es seco y fuerte, que se puede rallar. El morolique de sabor intenso y con poco tiempo de maduración.

Vale mencionar los quesos frescos como los quesillos especiales para rellenar las pupusas; los quesos cremosos para untar.