Se produce el encuentro de la cocina del maíz y la del trigo, se combinan el tomate y la calabaza, el chile y la cebolla, el cacao y la leche, mezclas y combinaciones que fueron definiendo los gustos y estableciendo tradiciones. 

Como parte de Mesoamérica, prevalece la cultura del maíz desde tiempos prehispánicos, presente en bebidas, comida, pan y postre. De la más antigua tradición oral y testimonial son los tamales, con frijoles o con yerbas regionales, a los que los europeos agregarían pollo, aceitunas, almendras, ciruelas y especias como el azafrán, que a su vez tiene orígenes árabes y se remonta a la Edad Media.

Junto con el maíz, el fríjol y ayote (calabaza) eran las otras plantas originarias del Nuevo Mundo que constituían principalmente la alimentación de los nativos de algunas regiones de Centroamérica, por supuesto que consumían otros productos como  tubérculos, hierbas y frutas como zapote, nance, piñuela, pitahaya, variedad de chiles, epazote, quilete, verdolaga, chipilín, güisquil, camote, jícama, entre otros. A esta dieta, se sumaba la comida de origen animal que elaboraban con riquísimas carnes de chompipe (guajolote, pavo), venado, ardilla, conejo, liebre, cusuco, cotuza, tepezcuintle, iguana, tórtola y codorniz, muchas de ellas ya desaparecidas.

El menú hace imprescindible una sopa o caldo bien caliente y picante para atemperar el frío. El arroz es cotidiano en diversas presentaciones: blanco, rojo, verde, con azafrán, con verduras; o sopas como la frijol rojo, blanco o negro; otra bastante antigua es la de patas. De los guisados sobresalen por su antigüedad la chanfaina. La primera se elabora con menudos de venado o carnero, en la actualidad se cocina con vísceras de cerdo.

Al hablar de los menús salvadoreños podemos destacar que un desayuno salvadoreño está formado principalmente de frijoles fritos, salcochados o casamiento; con queso o crema. También se incluyen los plátanos fritos o asados; así como el huevo estrellado, revuelto, duro o tibio. Se acompaña con tortillas o pan simple; sin faltar la bebida caliente de café, leche o chocolate. Aunque en algunas comunidades se caracterizan comidas regionales por el consumo de platillos como iguana en aiguaste, arroz negrito combinado con frijoles blancos o negros, los tamales también se incluyen en el consumo tempranero.

El almuerzo se sirve con una variedad de alimentos, donde se incluye un plato principal y/o sopa, también acompañados con tortillas. Los platos principales pueden llevar carne de pollo, de res o de cerdo; sean guisadas, fritas o asadas, acompañadas con arroz y tortillas. Pero también, los chiles, güisquiles, pipianes, tomates, tortillas rellenas con carne o queso, son exquisitos al paladar; agregándose los picados de papas, ejotes, pipianes.

Para este tiempo de comida hace gala una variedad de sopas: de frijoles negros, rojos o blancos; de mora, chipilín; de carne de pollo o res aderezada con verduras. No es muy  frecuente en la población la preparación de la crema mariscada; sin embargo, su consumo se da a través de la comercialización en los restaurantes y comedores. Las bebidas que se ingieren durante el almuerzo incluyen las de refrescos naturales elaborados con frutas como sandía, melón, naranja, limón, jocote, coco, tamarindo o de semillas, así como la horchata de arroz y morro, fresco de cebada y chan, entre otros.

Referente a la cena, entre los salvadoreños el gusto varía mucho, ya que generalmente consiste en frijoles salcochados o molidos fritos, acompañados con queso, crema o huevo preparado en cualquiera de las formas indicadas para el desayuno; también se acompaña con bebida caliente, café o chocolate.

En postres y dulces, la gastronomía salvadoreña mantiene una amplia variedad que nos llega de siglos atrás. La introducción de la caña de azúcar modificó los endulzantes, surgió la panela que, a su vez, fue sustituida por el azúcar refinada en dulces; no obstante, aún hoy la panela se usa en nuégados, hojuelas u hojaldras, así como en el ayote dándole un sello particular. Se incluye de modo relevante la panadería salvadoreña que es de vieja tradición. Su origen se remonta al cultivo del maíz que se destinaba casi exclusivamente para consumo local. En forma casera se elaboraba pan de maíz, pan de dulce, con sus variaciones de elaboración con huevo, dulce de panela, agua o leche, con manteca. 

La elaboración casera de bebidas, mermeladas y curtidos se asocia a una época donde la economía y el tiempo tenían otro significado. Almacenar cereales y otros productos, así como la conservación de alimentos, se remonta a épocas en que no se conocía la refrigeración. 

La cosecha local de frutas de temporada facilitaba que muchas familias de antaño acostumbraran preparar curtidos, y mermeladas que se compartían con fines sociales y no comerciales, gracias a las virtudes culinarias femeninas de esa época.