Algunos ubican el debatible origen de la palabra en el pipil “pupusawa”, y del plato, más allá de las fronteras de El Salvador, en la propia Mesoamérica, donde alimentos muy parecidos se hicieron presentes sobre la mesa de civilizaciones como la maya o pipil. Solo que, en El Salvador, su pueblo tomó la iniciativa, se especializó en este manjar de sabores y lo diversificó a más no poder. Eso hace de la Pupusa una pertenencia culinaria del país centroamericano. Incluso, allende fronteras de la región, las “gorditas” mexicanas o las “arepas” (rellenas) de Colombia o Venezuela se acercan a la preparación de las Pupusas.

Las Pupusas más tradicionales son las elaboradas en base a maíz (sobre todo), combinando cualquiera de ellas con queso (o chicharrón, como antaño). Luego se incorporará el otro tipo, también popular, elaborado con arroz (divina la de jalapeño) en tiempos de escasez y carestía de maíz, más las variedades mencionadas al principio. Igual destacan las llamadas “pupusas especiales”, como las de colores, llamativas por incorporar colorantes de repostería en su preparación; o aquellas de queso con hongos salteados.

En El Salvador elaboran las Pupusas ante todo con masa o harina de maíz molido (puede usar arroz). Con ellas se elaboran tortillas junto con una combinación de ingredientes que hacen la diferencia entre las variedades de este plato por sus rellenos: queso achiclado, frijoles molidos fritos, chicharrón molido, ayote rayado (calabacín) y/o carne de pollo o res molida, espinacas, pesto, tomate... ¿El acompañante? Algún curtido, salsa de tomate y una bebida fría o caliente.

No se quede observando. Dicen que “los mirones son de palo”. Deguste  la Pupusa en cualquier momento del día, o en ocasiones especiales, y podrá comprobar lo exquisito del arte culinario salvadoreño, cargado de buenos aromas, nutritivo y, sobre todo, sabroso.