Los inicios de las torrejas datan del siglo I. En ese entonces, un romano llamado Marco Gavio Apicio escribió en un recetario algo sobre un pan sumergido en leche. Sin embargo, el buen Marco no mencionó nada acerca de capear el pan en huevo o remojarlo en dulce.

Más adelante, cerca de los años 1300, un cocinero francés de nombre Guillaume Tirel escribió una receta más parecida a nuestras tradicionales torrejas, sólo que él las llamó “tostadas doradas”. Estas tostadas se cocinan de la misma forma que el tradicional postre: con huevo batido, un sartén caliente y un poco de azúcar.

No obstante, las torrejas no llegaron a nosotros ni por Francia ni por Roma. Fueron los españoles quienes, en la época de la Conquista, importaron este delicioso platillo a México.

Ellos ya preparaban las torrejas desde los años 1400 y lo hacían, especialmente, durante Semana Santa. Aún no se sabe bien por qué comían este postre justo en esa época del año, pero hay una teoría al respecto.

Esta teoría dice que las personas preparaban el postre para aprovechar el pan sobrante durante la Cuaresma (como no podían comer carne, no tenían con qué acompañarlo). Sin embargo, existe otra teoría que dice que las monjas empezaron a preparar torrejas para suplir la carne y llenar sus estómagos antes de Semana Santa.